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El camino que Panamá debe tomar para blindar su fútbol contra los amaños

El fútbol ecuatoriano vivió en 2025 uno de los peores escándalos de su historia. Lo que empezó como sospechas en la Serie B de la LigaPro se convirtió en una crisis sistémica: una red de amaños de partidos alimentada por apuestas ilegales, crimen organizado, extorsiones y amenazas armadas. No fueron casos aislados. Un informe de la Dirección de Integridad y Antipiratería (DIA) de la LigaPro reveló “estructuras internas y sostenidas de manipulación”, con jugadores, directivos y facilitadores involucrados.

Se suspendió por dos años a 20 futbolistas, se sancionó económicamente a cuatro clubes y se allanaron camerinos de equipos como Chacaritas y Gualaceo. El punto más oscuro llegó con el asesinato del capitán de 22 de Julio, Jonathan González, en Esmeraldas, en un contexto de mafias que presionaban por resultados para ganar en las apuestas.

Videos de jugadores obligados a tirarse al suelo bajo la amenaza de un arma circularon y dejaron clara la escalada: el amaño ya no era solo corrupción deportiva, sino un negocio del crimen organizado que se aprovechaba de la vulnerabilidad económica de los clubes (deudas millonarias y sueldos impagos).

Panamá no está en ese abismo… todavía. Pero el 2 de mayo de 2026, la última fecha de la fase regular del Clausura de la Liga Panameña de Fútbol (LPF) encendió todas las alarmas. El partido Alianza FC vs. Sporting San Miguelito terminó 3-2 con un autogol del portero José Calderón en el minuto 90 que generó indignación inmediata. Compañeros de equipo lo señalaron públicamente, el club académico presentó denuncias formales y la LPF abrió una investigación de oficio que ya está en manos de su Unidad de Integridad y la Comisión de Disciplina de la Federación Panameña de Fútbol.

No es la primera vez. En 2024, la “Operación Garra” del Ministerio Público llevó a la detención de dos jugadores y un exfutbolista por amaños. En 2023 ya había denuncias públicas. La Federación Panameña de Fútbol (FEPAFUT) reaccionó este lunes 4 de mayo con un comunicado de “cero tolerancia” y recordó sus protocolos FIFA y la Operación Garra.

Palabras correctas, pero insuficientes si no vienen acompañadas de acciones estructurales. Ecuador también tenía informes y sanciones… hasta que el problema se volvió incontrolable.

¿Qué tiene que hacer Panamá, ya?

Criminalizar el amaño como delito penal

Hoy en Panamá no es un delito tipificado en el Código Penal, solo una infracción disciplinaria bajo el código FIFA. Eso limita las herramientas de la Fiscalía. Ecuador pagó caro por la permisividad inicial. Panamá debe impulsar una reforma legislativa urgente que equipare el amaño con lavado de activos o corrupción, con penas de cárcel y decomiso de bienes. La colaboración entre FPF, LPF y Ministerio Público debe ser permanente, no reactiva.

Atacar la raíz económica

El informe ecuatoriano es clarísimo: los jugadores endeudados y sin sueldo son presa fácil. En Panamá, varios clubes de la LPF arrastran problemas financieros crónicos. La FPF y la LPF deben imponer auditorías obligatorias, topes salariales reales y garantías de pago (fideicomisos o retenciones). Un jugador que cobra a tiempo es mucho menos vulnerable a “ofertas” de 5.000 o 10.000 dólares por “un pequeño error”.

Fortalecer la Unidad de Integridad con tecnología y alianzas internacionales

La LPF ya tiene una unidad, pero debe dotarla de presupuesto real y alianzas con plataformas como Sportradar o Genius Sports (que monitorean patrones de apuestas en tiempo real). Ecuador detectó amaños tarde porque las alertas de apuestas llegaban después del partido. Panamá puede adelantarse. Además, debe capacitar obligatoriamente a todos los jugadores, técnicos, árbitros y directivos cada seis meses, con protección real a denunciantes (programa de testigos protegidos).

Sanciones ejemplares y transparentes, sin excepciones

No bastan suspensiones de dos años. Deben incluir relegación automática de clubes, deducción de puntos, multas millonarias y vetos de por vida a directivos.

La investigación del partido Alianza-Sporting debe ser exhaustiva y pública en sus conclusiones (sin violar el debido proceso). La credibilidad se gana con transparencia, no con comunicados tibios.

Campaña nacional de integridad

La selección panameña vive un buen momento. Usar su imagen para una campaña masiva (“El fútbol de Panamá se juega limpio”) en redes, estadios y escuelas. Involucrar a exjugadores, aficionados y medios. El silencio cómplice es el mejor aliado del crimen organizado.

Panamá tiene ventaja: su liga es más pequeña que la ecuatoriana y la FEPAFUT ya ha demostrado voluntad de actuar junto a las autoridades. Pero la ventana se cierra rápido. Si se repite el patrón de Ecuador —deudas + apuestas ilegales + debilidad institucional—, el escándalo del 2 de mayo de 2026 será solo el principio de un colapso mayor.

El fútbol panameño está en una encrucijada. Puede elegir el camino de la prevención decidida o esperar a que las mafias llamen a la puerta con amenazas y fajos de billetes. La diferencia entre ser Ecuador 2025 o un ejemplo regional se decide ahora, en las oficinas de la FEPAFUT, la LPF y el Ministerio Público. No en la cancha.

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