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La Selección de Panamá llega al Mundial 2026 más fuerte, pero con obligaciones…

La selección panameña llega a su segunda Copa del Mundo con la madurez que le faltaba en 2018, pero también con la cruda conciencia de que el salto de calidad sigue siendo incompleto. Emparejada en el Grupo L con Inglaterra, Croacia y Ghana, la “Roja” afronta desde el minuto uno un examen que desnudará si su evolución táctica y generacional ha sido suficiente para competir de verdad o si, una vez más, se quedará en digna participante.

El principal problema no es nuevo: la producción ofensiva. El propio Thomas Christiansen lo ha repetido sin rodeos: le preocupa más la falta de generación de juego que la de gol. En las eliminatorias, Panamá clasificó con autoridad (3-0 a El Salvador en la última jornada), pero sufrió para sostener una cuota anotadora constante ante rivales de medio nivel. Ante Inglaterra o Croacia, esa carencia puede volverse letal.

Desde su llegada en 2020, el técnico hispano-danés abandonó el bloque bajo y el pelotazo característicos de la era Rusia 2018. El equipo ahora es más flexible, con mejor trato de balón y mayor presencia en ligas competitivas del exterior. La salida natural de referentes como Blas Pérez, Gabriel Gómez y Felipe Baloy abrió paso a una generación técnicamente superior. Sin embargo, esa mejora todavía no se traduce en la creatividad necesaria para romper defensas organizadas de élite.

El mediocampo, el único sector que inspira confianza

Adalberto “Coco” Carrasquilla (Pumas) sigue siendo el cerebro indiscutible. Junto a Aníbal Godoy y Cristian Martínez forma el tridente que da equilibrio y salida de balón. Es, probablemente, la zona donde Panamá puede plantar cara sin complejos.

En ataque, Ismael Díaz (Universidad Católica) aporta desborde y gol por fuera, mientras Cecilio Waterman (Universidad de Concepción) sigue siendo el especialista en aparecer en momentos decisivos. La reciente dolencia de José Fajardo añade incertidumbre al frente; su estado físico será vigilado con lupa durante la preparación.

La defensa, integrada por Michael Amir Murillo, Fidel Escobar, Andrés Andrade y Eric Davis (este último también arma en balón parado), mantiene la solidez tradicional, pero deberá corregir coberturas y salidas ante las transiciones relámpago de los europeos y los africanos. Eric Davis sigue siendo el líder natural del fondo.

En la portería, Orlando Mosquera (Al-Fayha) y Luis “Manotas” Mejía (Nacional) ofrecen una competencia sana y de nivel.

El veredicto del grupo

Inglaterra, Croacia y Ghana no admiten errores. Panamá necesitará marcar goles a selecciones de jerarquía superior sin perder la estructura colectiva que ha sido su mayor virtud histórica. Hasta ahora, esa ecuación no ha encontrado solución consistente.

La Federación Panameña de Fútbol no ha confirmado bajas definitivas, pero el cuerpo técnico sabe que el margen de error es mínimo. Christiansen ha construido un equipo más moderno y con identidad, pero el Mundial 2026 será el espejo implacable que revele si esa transformación es definitiva o simplemente un paso intermedio.

Por ahora, el realismo manda: Panamá ya no es la novata de 2018, pero todavía está lejos de ser la selección que pueda aspirar a algo más que una participación decorosa. El crecimiento está a la vista; la brecha, también.

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