El fútbol panameño está a las puertas de un relevo y, en ese escenario, la posibilidad de que Manuel Arias aterrice en la Liga Panameña de Fútbol (LPF) merece leerse con optimismo. El cargo que se maneja, en los papeles, sería el de presidente o el de comisionado. Por ahora es solo una posibilidad, sin anuncio oficial de clubes ni de la Federación Panameña de Fútbol (FEPAFUT). Aun así, el perfil encaja con lo que el torneo puede ganar si suma experiencia sin romper lo que ya funciona.
Conviene decirlo claro: lo de Jesús Moreno y Giorgio Famiglietti ha sido positivo. Moreno, al frente de la presidencia, y Famiglietti, en la comisaría, han sostenido el torneo, le han dado continuidad competitiva y han mantenido a la LPF como el eje del fútbol de clubes. El Apertura 2026, con calendario en marcha, regreso de escenarios y una liga que sigue produciendo y discutiendo cada jornada, es la mejor prueba de que la conducción actual no está en crisis. Cualquier nombre que se sume debe partir de ese reconocimiento, no de la idea de que hay que empezar de cero.
Arias no llega de fuera. Presidió al Chorrillo FC en distintos períodos antes de asumir la FEPAFUT en 2019 y ser reelegido en 2022 para el ciclo que cierra en diciembre de 2026. Conoce el día a día del club, la tensión entre lo deportivo y lo administrativo, y el peso de las decisiones que se toman lejos de la cancha. Esa doble experiencia —dirigente de equipo y presidente federativo— es poco común. Bien usada, puede acortar la distancia que a veces separa a la liga de la federación y reforzar, no sustituir, el trabajo que Moreno y Famiglietti ya vienen haciendo.
Su mandato en la FEPAFUT dejó resultados que el hincha puede medir. Panamá clasificó al Mundial 2026, disputó una final de Copa Oro y otra de Liga de Naciones, y avanzó en el fútbol femenino y en las categorías menores. También hubo cooperación institucional en la lucha contra el amaño de partidos. Hablar también del saldo deportivo y la red de relaciones que Arias construyó con ligas provinciales y clubes.
Por eso la lectura más útil no es de relevo contra relevo, sino de refuerzo. Si el puesto fuera la presidencia, Arias aportaría peso político frente a patrocinadores, televisión y CONCACAF, y dejaría a la estructura operativa —con Famiglietti o quien los clubes confirmen— concentrada en la competencia. Si fuera la comisaría, sumaría a alguien capaz de ordenar calendario, relación cotidiana con los equipos y interlocución federativa, mientras Moreno sostiene la conducción institucional que ya ha dado resultados. En cualquier caso, Manuel reforzaría a la LPF: más gestión, más contactos y más capacidad de negociación, sobre una base que ya es positiva.
La ley panameña le cierra la reelección inmediata en la FEPAFUT. Eso no es un castigo; es el momento natural para redirigir la experiencia hacia donde el fútbol se juega cada fin de semana. Los clubes tendrían la última palabra, como corresponde. Si la posibilidad se concreta, la liga no ganaría un salvador: ganaría un operador que puede potenciar un trabajo que Moreno y Famiglietti ya encauzaron. Si no, al menos queda planteado el debate correcto: cómo seguir profesionalizando el torneo sin desperdiciar ni lo construido ni la experiencia disponible. En ese terreno, el nombre de Manuel Arias no sobra. Suma.
