En una extensa entrevista concedida a FIFA.com, el delantero panameño Cecilio Waterman reveló la mezcla de humildad, gratitud y ambición que lo acompaña a meses de disputar su primera Copa del Mundo con Panamá, recordando aquel instante espontáneo en marzo de 2025 cuando, tras marcar el gol de la victoria ante Estados Unidos en las semifinales de la Liga de Naciones de Concacaf, corrió hacia Thierry Henry para gritarle: “¡Eres mi ídolo!”.
Waterman admite que aún no termina de dimensionar lo que significa la clasificación al Mundial 2026. “A veces uno no cae”, confesó. “Trato de vivir la vida normal, pero en Panamá, cuando fui de vacaciones, la gente me hizo notar ese cariño muy lindo. Uno después piensa en el esfuerzo y cómo te lo agradece la gente. Es sorprendente”. Manteniendo el perfil bajo que lo caracteriza, el veterano atacante insiste en “tener los pies sobre la tierra” mientras disfruta los meses previos al torneo.
La eliminatoria, reconoce, fue durísima. “Siempre estuvimos remando de atrás”, recordó. El punto de inflexión llegó en Guatemala, donde Panamá necesitaba ganar sí o sí. Waterman anotó dos goles en los primeros minutos y Michael Fajardo selló el tercero. “Me decía en el bus: ‘¿Por qué no se nos da un partido en que empecemos ganando 2-0 en 20 minutos?’. Por suerte se dio”, relató con una sonrisa que trasluce alivio.
Marcar con la selección, asegura, “no tiene precio”. “Hacer gol con tu club es más fácil porque juegas cada fin de semana. Con la selección representas a millones de habitantes. Es una euforia que no se cree”. Preguntado por el sueño máximo, respondió sin dudar: “Uno siempre tiene que soñar. Primero estar en la lista, prepararse bien y, ¿por qué no? De niño veía los partidos de Francia, de Brasil, y salía corriendo a la calle. Ahora imagínate vivirlo”.
Su regreso a la selección tras años de ausencia no fue sencillo. “Fue un momento muy doloroso”, admitió, recordando las críticas cuando fallaba goles en vacaciones. Sin embargo, destaca la confianza que le brindó Thomas Christiansen incluso cuando estaba lesionado y con pocos minutos en su club. “Me sacó el sombrero. Me dio oxígeno dentro de la selección”. Elogia también la preparación táctica del técnico hispano-danés: “Nos dice lo que va a pasar, cómo se para la presión. Eso nos hace el partido más fácil”.
Sobre el grupo mundialista con Croacia, Inglaterra y Ghana, Waterman es realista pero optimista: “Son rivales de mucha jerarquía, pero la brecha se ha acortado. Todos los equipos tienen debilidades y nosotros tenemos fortalezas. El profe sabrá cómo competir”.
El momento que más resonó, sin embargo, fue aquel abrazo simbólico con Thierry Henry. La noche anterior, personal de Concacaf le había preguntado de qué jugador quería una camiseta. Waterman pidió la del francés. Al día siguiente, entró desde el banco, marcó y vio a su ídolo infantil detrás de la portería. “Me salió esa cosa de niño. Fue instinto puro, sin saber la repercusión que iba a tener. Gracias a Dios salió natural”.
En un fútbol donde a veces se aconseja “nunca conocer a tus héroes”, Cecilio Waterman demostró que, cuando el héroe es Thierry Henry y el niño interior sigue intacto, la magia sigue siendo posible. Ahora, con 36 años, el panameño se prepara para vivir su propio cuento en el escenario más grande del mundo.
